Este fin de semana se cumplen dos meses desde que los bares, discotecas y licoreras decidieron cerrar sus puertas, anticipándose al simulacro de aislamiento de la alcaldía de Bogotá, con la esperanza de que iba a ser algo temporal. Pero no. Así como fueron pasando los días se fue prolongando la cuarentena y la posibilidad de apertura se ha ido dilatando, y con ello, la esperanza de volver a abrir este año se volvió incierta.

Asobares ha entregado propuestas de protocolos de bioseguridad que se han estado en el centro de las conversaciones con el ministerio de salud .

Por si fuera poco, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, les envió esta semana un mensaje claro. Según la mandataria, no hay ni la menor posibilidad de que puedan reactivarse en este 2020, o por lo menos no mientras el mortal covid-19 se siga propagando tan rápido en la ciudad y la rumba nocturna sea considerada un factor de riesgo.

“No hay protocolo que valga, no hay bar o discoteca en el que uno pueda estar a dos metros de distancia, no existe (…) hay sectores como esos que difícilmente van a tener cómo reactivarse este año”, aseguró.

Esta afirmación les cayó, sin duda, como un baldado de agua fría. El sector le venía apostando a mes y medio o hasta dos meses adicionales, pero no el resto del año.

Hablar de todo el año es mucho tiempo, esperamos que se generen soluciones y estamos trabajando con nuestros afiliados del sector en la búsqueda de alternativas de protocolo”, dice Juan Esteban Orrego, director ejecutivo de Fenalco Bogotá y Cundinamarca, quien no obstante reconoce que las formas de rumba van a cambiar por “mucho tiempo” y que por eso el gremio está enfocado en encontrar fórmulas creativas.

Los empresarios de los establecimientos nocturnos se identifican con esta posición y dicen que están listos para iniciar de manera gradual y que nadie más que ellos son conscientes de que ante la nueva realidad deben adaptarse.

De hecho, Camilo Ospina, presidente de Asobares, el gremio que los representa, trabajó con el Ministerio de Comercio un protocolo y ahora están a la espera de la aprobación del Ministerio de Salud. Entre las medidas que han previsto están el uso de cámaras de desinfección, ubicar mesas a dos metros de distancia, desinfectar los locales al principio y al final de cada jornada y hasta ponerles límites a los clientes para el consumo de licor.

“Esa responsabilidad que tuvimos para cerrar de primeros, también la tendremos para poder abrir gradualmente nuestros negocios con unos estrictos protocolos que nos hemos propuesto como asociación, algunos lógicos y otros tomados de la experiencia de países que ya han avanzado en este tema”, dice Gregorio Fandiño, propietario de El Aquelarre y La Casa de la Bruja, dos restaurantes-bares del centro histórico de la ciudad.

No vemos un futuro cercano para la apertura, como sí se está viendo en otros países. Estamos viviendo el afán de cada día.

Estos establecimientos, uno con capacidad para atender a 80 personas y el otro, a 100, pasaron de tener 30 empleados entre ambos a solo 4 entre semana y 6 los fines de semana. Y eso porque su propietario decidió reinventarse y, con domiciliarios propios y él mismo en su carro, empezó a llegar con cocteles y platos a cualquier zona de la ciudad, desde La Alambra, en Usaquén, hasta Patio Bonito, en Kennedy.

“Pero no obstante los esfuerzos, estrategias e ideas del equipo, la operación no llega ni a un 5 % de lo que era”, reconoce Fandiño, y luego con resignación dice: “No vemos un futuro cercano para la apertura, como sí se está viendo en otros países. Estamos viviendo el afán de cada día”. Sus costos mensuales son de $ 24 millones, de los cuales 15 millones son por el arriendo de los dos locales y 9 millones por la operación.

Un sector clave

Los bares, discotecas y restaurantes-bar son claves para la economía de la capital del país y, quizá lo más importante, como lo advierte el gremio, para la salud mental de los bogotanos. Ellos ofrecen diferentes alternativas de esparcimiento y de diversión sana.

En la Cámara de Comercio de Bogotá hay 15.253 establecimientos nocturnos con registro mercantil, los cuales generan, según Asobares, al menos 70.000 empleos, entre directos e indirectos, desde porteros, meseros, barman, DJ, músicos y personal administrativo hasta vendedores de chicles y cigarrillos que han crecido a la sombra o el taxista que está a la espera de conseguir una carrera después de la medianoche.

Además, este es un sector que puede atender un millón de personas en un sábado, por ejemplo, y mover miles de millones de pesos un fin de semana. Solo en impuestos, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda y de Asobares, contribuyen con $ 235.000 millones en predial y $ 50.027 millones en industria y comercio.

Pero aquellas épocas de bonanza que tuvieron los bares y discotecas hasta el 15 de marzo pasado, cuando abrieron por última ocasión, parecen haberse esfumado. Incluso, casi todos los días se están conociendo noticias de cierres de establecimientos y quienes no han tomado esa decisión es porque esperan que un acuerdo con los dueños de los locales les alivie un poco los costos.

Una encuesta de Asobares con 400 de sus afiliados indica que el 80,5 % no ha podido llegar a un acuerdo que les permita continuar en el local, y de ellos, el 23,2 % lo va a devolver así enfrente un proceso y un 4,7% va a pagar penalidad y entregar, a pesar de que por años han posicionado sus marcas y saben que abrir después de un prolongado cierre y en un lugar distinto es como volver a nacer.

Por eso, mientras sostienen una difícil negociación –la ley no favorece a ninguna de las partes en este caso–, tanto propietarios como empleados de bares, discotecas y licoreras han optado más bien por pensar que, como lo dice una frase popular, cada día trae su afán.

Uno de ellos es Javier Velásquez, un llanero de 39 años que en cerca de tres lustros se ha abierto espacio en el gremio de la noche y logró, con mucho esfuerzo, posicionar siete establecimientos en Fontibón y Engativá, en el occidente de la ciudad. Sin embargo, acaba de cerrar dos (Karaoke la Alcahuetería y La Boutique) y esta semana podría hacer lo mismo con La Cantina y Tantara si no logra un menor canon. Él paga $ 58 millones cada mes por los arriendos de los locales.

Y aunque todos sus negocios están cerrados y ya descartó la posibilidad de trabajar con servicios a domicilio –considera que es difícil competir con los descuentos que ofrecen las plataformas–, este empresario, que se cree pequeño frente a otros de la ciudad, se resiste a perder la esperanza de que dentro de dos meses podría reabrir.

Yo vengo de abajo y futuro siempre veo. Esta es la actividad en la que me enfoqué y toca sacarla adelante”, dice Velásquez, quien está dispuesto en poner todo su empeño para sostener sus otros establecimientos, o los que tenga cuando todo vuelva a la normalidad.

Este fin semana se cumplen dos meses desde que los propietarios de los bares y discotecas de Bogotá decidieron anticiparse unos días al aislamiento preventivo pensando que la emergencia por el coronavirus iba a ser temporal, pero esta se ha prolongado más de lo que imaginaron y ha puesto a muchos en el gremio a pensar en si realmente habrá un mañana para sus negocios. Ellos consideran que sí es posible proteger la salud y al mismo tiempo abrir sus establecimientos.

Fuente El tiempo