Sorprende  a tu cita o a tu pareja durante una cena romántica. Lo más relevante de saber qué botella de vino pedir o comprar es cuánto puedes disfrutar en tu paladar. Lo bien que sabrá tu comida y la explosión de emociones que tendrás en tu boca.

Remi de Ratatouille se va a quedar corto.

¿Lo mejor? No tienes por qué dedicar muchísimo tiempo a planear cada detalle. ¿Lo más sincero? No existe una fórmula exacta ni hay un instructivo para escoger el vino perfecto.

Lo que sí existe es un pequeño glosario y unos cuantos trucos que te ayudarán a conseguir la botella de vino que necesitas. Eso sí, y toma esto como una advertencia antes de descorchar: no te quieras pasar de listo pretendiendo que tienes nariz de sommelier ni pidiendo sólo botellas francesas a donde quiera que vayas.

Entonces, primero…

1. Términos útiles que seguro escucharás

 Y que, si vas a usar, debes hacerlo bien. Conoce estas palabras y, así, comprende un poco más del universo de los vinos.

Aroma o bouquet: el olor de un vino. El bouquet se aplica particularmente al aroma de los vinos más viejos.

Cuerpo: el peso aparente de un vino en la boca (ligero, medio o lleno) o incluso en las copas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Crisp: un vino con refrescante acidez.

Seco: es decir, no uno que sea dulce.

Acabado: con un gusto final concreto y distinguido. Para un buen acabado, es decisivo que el vino tenga una correcta acidez y el grado alcohólico sea el adecuado.

Intensidad del sabor: qué tan fuertes o débiles son los sabores de un vino.

Afrutado: vino cuyos aromas y sabores sugieren fruta; aunque esto no implica dulzura.

Oaky: un vino que tiene sabores de roble (ahumado, tostado).

Suave: un vino que tiene una sensación sedosa en la boca.

Tánico: un vino tinto que es firme y deja la boca seca.

 

  2. A considerar para tus comidas, cenas y demás

¿Ganas de algo frío? Un vino blanco, rosado, espumoso o dulce son ideales. Un vino tinto tiene que estar a temperatura. Aunque en gustos… ya te la sabes.

Si comes carne, no precisamente necesitas de un tinto; tampoco un blanco para el pescado o el pollo.

Si consideras que tu alimento va a tener suficiente grasa, necesitas un vino poderoso para generar equilibrio en tu lengua.

Por obvias razones, si tu alimento es muy suave o ligero, compra un vino ligero.

Primero, elige el vino y después tu menú. Al conocer las notas de tu botella puedes escoger la comida que mejor maride. Si ocurre al revés, no temas preguntar a tu mesero o sommelier por tu mejor opción.Ejercicio Esquire: Por ejemplo, ¿con qué acompañarías este Monte Xanic, en el cual resaltan los frutos rojos, como la cereza y los arándanos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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3. Beber vino debe ser divertido, no un examen de posgrado

Por eso, recuerda esto cuando compres vinos:

Nadie en el mundo lo sabe todo sobre uvas, botellas y etiquetas; así que no te dejes impresionar ni juegues al maestro enólogo.

Recuerda: las personas inteligentes jamás temen hacer preguntas «tontas».

Caro no significa lo mejor: el propósito del vino es disfrutarlo, no presumir su precio.

La mayoría de los vinos son buenos vinos, y el mejor de todos los vinos es el que te gusta a ti. Tú eres el mejor juez que puedes conocer.

 

 

 

 

 

 

 

 

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4. Ahora sí, ponte a prueba…

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