El local se une al Mundo de Andrei, un lugar que también propone llevar al comensal a un recorrido por los países del sur de Europa y su gastronomía

El empresario rumano, Andrei Farkas, se despertó una madrugada con un sueño que parecía una revelación. Había adquirido una casa en la Zona G con la ilusión de añadirle al conjunto de seis restaurantes que tenía en Usaquén uno más que honrara la comida mediterránea. Pero, en su sueño, aparecía esa misma casa con cinco restaurantes juntos.

Así fue como nació La Casa de Andrei, un proyecto que se hizo realidad hace cerca de dos meses con la apuesta de unir los sabores del mediterráneo en un solo lugar. De acuerdo con Farkas, la apertura del restaurante busca acercar a las nuevas generaciones con altos niveles de exigencia gastronómica a la cocina mediterránea.

“La apertura es un nuevo emprendimiento que hace parte de El Mundo de Andrei y constituye una nueva era, cuyo propósito es experimentar cómo le va a la unión de los cinco conceptos que ya tenemos en El Mundo de Andrei en un solo lugar”, señaló el propietario, que lleva más de 30 años en el negocio gastronómico capitalino.

La experiencia comienza con Mediterránea de Andrei, un ambiente que rememora no solo los sabores de la cocina mediterránea, sino también los olores, la música, los colores y el arte de esa región. En otro salón de la casa se encuentra Italia Rústica, un espacio en donde los sabores de la cocina italiana son los principales protagonistas de este ambiente. Con tonos azules y blancos, Grecia de Andrei, como su nombre lo indica, resalta ingredientes típicos de ese país europeo. Ahí, los comensales encontrarán una estética que rememorará a islas mundialmente famosas como Santorini.

Junto con La Provence de Andrei, como cuarto ambiente, especializado en comida francesa, se suma El Ático, que ofrece a los comensales un lounge en el que se destaca la carta de coctelería y la decoración, con elementos de interior en madera y sofás enmarcados en un techo en pendiente.

Ternera con polenta

Codillo de ternera con un promedio de siete horas en cocción bajo 130 grados centígrados. Tiene ajo asado, vino tinto, crema de leche, albahaca ‘chiffonade’ y está servido con polenta cremosa: un puré de maíz molido.

Fuente Natalia Molano Torres – nmolano@larepublica.com.co

Lomo con hígados

Lomo de res completamente sellado, marinado al horno con hígados cocinados en cebolla caramelizada. El plato cuenta con un acompañamiento de pistachos, uva rubia, crema de leche agria, además de ajo y cebolla.