Sangre de Toro es una de las marcas más reconocidas del vino español. Un ejemplar emblema de Bodegas Torres que es un fiel reflejo de su origen, de su gente. Fue el primer vino embotellado por la reconocida bodega, en 1954, lo que supuso un gran acierto por parte Miguel Torres Carbó, tercera generación de la familia Torres.  Si quieres conocer más detalles sobre la historia detrás de este icono del vino, no te pierdas esta nota.

A principios de los años cincuenta, Miguel Torres Carbó, tercera generación al mando de Bodegas Torres, recorría incansablemente los viñedos en su Renault 44 en busca de las más preciadas uvas tintas de la región, garnacha y cariñena, para crear un vino diferente, que expresara el auténtico carácter de la tierra. Así empieza la larga historia de Sangre de Toro, que vio la luz por primera vez en 1954.

Nace con la pretensión de ser exponente de las viñas tradicionales del Penedés, que históricamente, antes de la influencia de los elaboradores de cava, fueron productoras sobre todo de vinos tintos. Los cambios en las tendencias en cuanto a variedades de uva empujaron a los responsables de la bodega a buscar fuera del Penedés las uvas tradicionales básicas del vino, como la Samsó (como se denomina en Catalunya a la uva Cariñena de Aragón) en muchas de las comarcas catalanas. La geografía vitícola de Cataluña ofrece buenas alternativas para ello y la casa Torres posee viñedos en la mayor parte. En este caso, Sangre de Toro se nutre sobre todo de viñas de Montsant y de Terra Alta. El tránsito era inevitable y desde 1999 los dos vinos salen con el sello de la DO Catalunya, una indicación geográfica por la que apostó la bodega.

“Sangre de Toro fue el primer vino embotellado por Bodegas Torres, lo que supuso un gran acierto por parte Miguel Torres Carbó y una firme apuesta por la modernidad en una época en que predominaba la producción a granel”.

Sangre de Toro parte de una referencia a la milenaria tradición mediterránea del cultivo de la vid. Desde Mesopotamia hasta Grecia, el toro fue el símbolo de la cultura del vino. El dios del vino Dionisio –Baco para los romanos – a quien los poetas griegos y romanos lo consideraban como “poderoso como un toro” o “hijo del toro”, y contaban que su sangre era en realidad vino.

La apuesta de este vino por la autenticidad, por expresar la más pura esencia mediterránea, se ha mantenido a lo largo de las décadas con la utilización de las variedades autóctonas garnacha y cariñena, si bien se ha ido adaptando a las tendencias alimentarias y enológicas de cada época, erigiéndose siempre «como un gran aliado de la cocina mediterránea», afirman desde Bodegas Torres. «El tiempo lo ha convertido en un vino actual”, añaden, “como una fruta aterciopelada y madura, elegante y con cierta complejidad”.  Las carnes con especias, por ejemplo, van muy con este vino que se disfruta mejor entre los 16 o 18 grados.